4/9/17

Horas bajas

Tengo que confesar que son horas bajas. Como la mayoría de las horas que he pasado frente a esta hoja virtual en blanco, a decir verdad.


Son horas bajas porque se mezcla la desesperanza, que comienza a aflorar tras semanas de esperar unas señales que no llegan, y ver cómo los días son cada vez más cortos, cómo pasamos del aire acondicionado al ventilador, del ventilador a las sábanas hasta la cintura, y de ahí al nórdico hasta los hombros. Y eso significa que un año más está a punto de hacer click, una pequeña ruedecita que pasará del 31 al 32, como aquel contador que solíamos utilizar para contar a los pasajeros que teníamos a bordo.

Nunca me gustó cumplir años. Al menos desde cuando aquello era una herramienta para conseguir aquel caprichito que yo no me podía pagar... (gracias mamá, Jorge, y todo el que contribuyó a lo largo del primer cuarto de siglo). Pero ahora que, cada vez más, el calendario me recuerda en números negativos el tiempo en el que debí haber logrado según qué cosas, el peso se me hace más difícil de soportar. La suma de intentos fallidos de lograr todas esas cosas se apila como la ropa sucia en el cesto, sólo que esos intentos no se pueden lavar.

Me desconcierta que a mi alrededor la gente esté muy ocupada para plantearse este tipo de cosas. Tienen proyectos, rutinas que implican contacto con otros seres humanos que distraen su atención. Nadie tendría tiempo de plantearse estas cosas y, menos aún, de venir a contarlas a un blog por donde no pasa casi nadie.

Pero yo, para bien o para mal, sí tengo tiempo.

24/8/17

La nebulosa del futuro

Vivo días convulsos en cuanto a la cantidad de cosas que podrían pasar o no pasar inminentemente. Es por eso que no he vuelto por aquí a contar nada, en espera a que pronto haya muchas cosas que contar.

Mientras tanto, estoy viendo Juego de Tronos en un último intento de integrarme en la sociedad moderna. La cuestión es que las series con tanta sangre y crueldad innecesaria se me hacen difíciles de digerir, entonces llevo una temporada y media pero me he enterado de media temporada. No pasa nada, persevera y vencerás.

Para quien no sepa cómo catalogarla, es una especia de Friends, pero ambientada en la edad media, salvo que los amigos se traicionan TODOS, y para la tercera temporada sólo queda vivo Ross. Está bien, no tiene nada que ver con Friends.

De resto, os mantengo en vilo, como ocurre al final de cada capítulo de Juego de Tronos, hasta la próxima publicación.

15/8/17

Your name.

Os conté que hace un par de días salí de Japón. De Japón me traje algún que otro disgusto, varias alegrías y un par de miles de yenes sin gastar. Quizás calculé mal.

En esta ocasión tuve la suerte de volar en una compañía nipona hasta Taiwan, en la que pude disfrutar de un servicio excelente, como aquellos que solían dar todas las aerolíneas en los 80. Y no quedó ahí la cosa; entre la selección de películas encontré una que hacía ya tiempo quería ver. Your name.

A "Your name" se le ha dado mucha publicidad y eso me hizo pensar que quizás era puro marketing, pero... ¡Ay! Teníais que haberme visto evitando pestañear para no mojar en lágrimas mi ternera con salsa teriyaki.



¿Le has dado ya al Play? No os voy a contar nada sobre la película, por si quedase alguien que pasara por aquí y no la hubiese visto aún, pero tiene mensajes profundos, embellecidos con una animación preciosista y una banda sonora rompecorazones que le viene que ni pintada.

El viaje asiático está llegando a su final. Me gustaría decir que me da pena, pero el clima en Taiwan es irrespirable fuera (44º de sensación térmica) e iglú en las tiendas e interiores, una combinación que nos trae a mí y a mi resfriado (con el que tengo una relación más larga que algunas amistades) por el camino de la amargura. Sumado a una época de emociones fuertes, le comentaba hoy a alguien que llegó el momento del parón. De pisar el freno, y reflexionar en casa, sentado junto a un mate, hasta recuperar las energías que me vienen faltando.

Creo que haber retomado esto contribuye a ese "reflexionar" que tan olvidado he tenido en esta última etapa de mi vida. Razonar y actuar, en lugar de hacer todo lo contrario.

14/8/17

El cementerio de recuerdos

Estoy en Taipei, capital de Taiwan, donde son la 1:57 de la madrugada en el momento en el que escribo estas líneas. Llegué aquí hace un par de días desde Tokio, adonde fui por amor. O al menos por el concepto de amor que tengo ahora, bien cerca de cumplir los 32 años.


Seguramente el Pablo que empezó a escribir este blog allá por... ¿2003? tendría una acalorada discusión al respecto. Tampoco me sorprendería, pues creo recordar que le gustaba discutir incluso por el simple hecho de comprobar que podía defender una idea y la contraria a la vez. Sin despeinarse.

Como decía, vengo de Tokio. Allí salió el tema de este Blog y la cantidad de cosas que aquí quedaron escritas y yo ya no recuerdo. Y voy más allá, algunas de esas cosas ya sólo están en este blog, y no están ya en mi cabeza. Blogger fue algo así como el precursor de iCloud, y todas esas cosas que luego nos vendieron como "la nube". La cuestión es que no me atrevo a leer este diario. Me da pánico revivir mi pasado, los sentimientos que viví o las vivencias que experimenté. Al fin y al cabo siempre presumí de mi capacidad para olvidar las cosas que me han marcado, ¿qué sentido tendría volver voluntariamente a leer lo que escribí?



La cuestión es que por algún motivo creo que era positivo venir aquí y contar las cosas a la nebulosa de anónimos que pudiesen llegar hasta aquí, desde los más extraños resultados de búsqueda. Es así que me dispongo a retomar aquella vieja costumbre de poner algo de música y dejar que las palabras fluyan. Lo que dure la fluidez. No tengo ninguna intención de volver a leer nada de lo que escribí aquí, y seguramente eso tampoco cambie en el futuro, pero... Incluso si así fuese, me encanta la idea de haber ido enterrando etapas de mi vida en este, mi enorme cementerio de recuerdos. Y si algún día me siento preparado y con fuerzas, volver a entrar y, por qué no, dejar algunas flores.

14/3/13

Ni tsuei zhai lalalala (8)

Estoy malo. Llevo unos 5 días que soy un saco de mocos, dolores de cuello y de todos los otros tipos de dolores que un humano pueda almacenar. Mi madre cree que es lo emocional lo que nos hace ponernos malos, y aunque normalmente siempre le digo que está loquísima, creo que en esta ocasión tiene mucha más razón de la que podría yo pensar.


Pues hoy, ya de por sí enfadado por estar malo y de baja durante varios días sin signo alguno de mejoría real, a las seis de la tarde llaman a la puerta. Si debo decir la verdad casi me cago en los pantalones porque es la primera vez en 4 meses que alguien llama a mi puerta. Ignoré la llamada por miedo, hasta que se escuchí a través de mi puerta (que por cierto, tiene la propiedad mágica de dejar pasar todos los sonidos)...

- ¿Signore Pablo?

- ..... .... ¿sí?

Respondí yo como si me hubieran pillado haciendo algo terrible. "Soy el controlador médico. Me envía su empresa."

Como os los estoy contando, resulta que mi adorable empresa, para una vez que me pongo malo en 4 meses, deciden mandarme a un controlador médico por si en realidad estuviera de fiesta fuera de casa o ejerciendo una segunda profesión no declarada en mi domicilio.

¿Cómo pueden ser tan chungos? Me enfadé tantísimo que les envié un e-mail recriminatorio del que me arrepentiré mañana. Me molesta la mala idea de que enviar a alguien mi segundo día de ausencia laboral cuando hay gente que falta misteriosamente cada domingo sin que les hayan enviado nunca a nadie. Me molesta y mucho.

Y luego el resto del día no ha ido a mejor tampoco... con el paso de las horas volvieron a intensificarse los dolores musculares, y volvieron los tormentos emocionales que tan pocos beneficios cuenta que traen mi madre.

Y es que no sólo es mi puerta la que tiene propiedades mágicas. Yo, sin ir más lejos, tengo la propiedad mágica de elegir siempre a las personas que más buenas me parecen y más daño me hacen. "No pasa nada", me repito. Cuanto más duele, más cerca está de curarse. O eso es lo que aprendí de toda una vida plagada de aftas bucales. Si me dejo llevar por eso, quizás hasta el cuello se me esté curando y yo sin darme cuenta.

10/3/13

No somos (de) nadie.

Perdido entre mis pensamientos mientras jugaba a devastar la tierra del enemigo en juegos de acción y estrategia online, me quedé pensando si realmente estamos igualmente convencidos cuando determinamos que no pertenecemos a nadie, que cuando nos dicen que nadie nos pertenece a nosotros.

La respuesta obviamente es no, y el que diga que sí o miente o puede que simplemente no esté diciendo la verdad... En cualquier caso el mérito está sencillamente en intentarlo. Intentarlo no sólo nos hará más felices sino también mejores personas.

¡Buenas noches!

7/3/13

Slow it down.

A estas alturas, quien haya leído aunque sólo sea por encima este blog sabrá ya que para mí es una terapia (de las que me puedo pagar). Nunca escribo cuando estoy maravillosamente bien, pero ojo, que tampoco lo suelo hacer cuando estoy terriblemente mal.


En definitiva, suelo coger el papel virtual cuando ya he identificado que algo va mal, y cuando creo saber qué hacer para arreglarlo. Viendo por encima el número de entradas anuales en la columna de la izquierda, podemos ver que 2006 debió ser un año terrible (con 106 lamentos o vetetúasaberqués) , seguido de 2010 (79) o 2009 (73). En la misma columna podemos adivinar que 2012 fue el mejor año de todos (1 triste y solitario loquesea) y que 2008 también debió estar muy bien (13).

Creedme cuando digo que esto no es así de manera premeditada. Me encantaría escribir más cuando soy muy feliz porque siempre he visto esta página como un recuerdo que algún día, cuando sea mayor y feliz, vendré a leer sin nostalgia. Hasta ahora, como la mayoría de mis proyectos, no está teniendo nada que ver con aquella noble intención, pero como a veces ocurre, podría ser un recuerdo igualmente válido, o la inspiración para millones de niños que evitarán cometer los errores que cometí y vine a contar. Bueno vale, no. Pero si alguno de esos niños llegara aquí por error, dejadme que os de un consejo. A lo largo de vuestra larga vida (en el mejor de los casos) tendréis que tomar cientos de decisiones. A veces estaréis equivocados, y a veces acertaréis, pero nunca, y repito: NUNCA, jamás andéis con medias tintas. De apostar y ganar se aprende muchísimo, y de apostar y perder más aún, pero nada hay más vacío que la sensación de haber apostado lo mismo al negro que al rojo y haberte quedado tal cual.


Y ahora que los niños y yo hemos aprendido la lección, os cuento un poco de mi vida actual en Roma. Porque así es, vivo en Roma una vez más. Aún recuerdo cómo salí de aquí cabalgando a toda prisa por la Porta di San Sebastiano, con mis gastadas vestiduras injuriando, y a la vez perjurando que jamás volverían a verme ni a mí ni a mi corcel por estas tierras.

Pues manteniendo mi promesa estaba cuando, de repente, mi empresa decide que ya está bien, que se acabó el disfrutar de los largos días de verano, de esas amistades tan chulas, de ese loft tan molón, del tomate frito, la veloz conexión a internet, la piscina en el patio, o de esos precios tan comedidamente razonables. ¡Habrase visto semejante desfachatez!

Y así fue como nos mandaron a todos a destinos europeos varios, y como por aquel entonces aún me regía por la política de "más vale malo conocido..." (que, según he podido saber por los compañeros, fue un acierto) elegí volver a Roma. Y debo decir que gracias a la recién incorporada política de nomearrepientodetodoloquehago en esta ocasión está siendo una experiencia, en líneas generales, más satisfactoria que en la anterior. Además, dejé el corcel en España y me traje un coche, que me parecía demasiado telenovelesco volver en él.

¡Y tengo muchas cosas que contaros sobre los italianos que la anterior vez no me dio tiempo a conocer! Claro, que aquello fue prácticamente un visto y no visto... pero no lo haré hoy, que no quiero extenderme tanto como para que nadie llegue a finalizar tan amena lectura.

Y por último, y porque mis entregas no son entregas si no hay canción, quiero dedicarle ésta, que tantos y tantos buenos recuerdos me trae del pasado, a un ser querido al que, por motivos x que no estoy seguro de comprender (ni deben importarme), tengo que dejar marchar de algún modo. ¡Te quise y quiero!

6/3/13

Ci vediamo!

[Escrito originalmente el 26 de noviembre de 2012, y ocultado en borradores hasta hoy]

Tenían razón todos aquellos que me avisaron: "¡¡¡El mes de noviembre se te pasará volando!!!" Y así fue, 26 de noviembre de 2012, y mi segunda etapa en Madrid da sus últimos coletazos entre cajas llenas, estanterías vacías y maletas de ropa, sentimientos y recuerdos a medio hacer.


Pobre de mí lo que me ha costado esta mudanza. Si llega a ser por mí empiezo a solucionarlo todo a 5 minutos de tener que dejar las llaves, porque si bien es cierto que toda mudanza es un trastorno, no será que a eso no esté yo acostumbrado... pero sí es bien cierto que pocas veces tuve tan pocas ganas o motivaciones para irme de aquí.

Puedo decir sin haber dudado ni un momento que ésta ha sido una de las etapas más estables y felices que recuerde. Sin duda muy feliz pero, sobre todo, estable. Jamás había durado tanto en un trabajo (2 años y 10 meses y sumando) ni tampoco había vivido tanto tiempo en una misma casa desde que me independicé. Nunca había dormido tan bien por las noches, ni había tenido unos amigos que me complementasen a mí (así como yo a ellos) de una manera tan equilibrada.

Se van este mes 3 de los mejores años de mi etapa adulta, en la que aprendí mucho de la vida. Aprendí que las cosas que ocurrían en Al salir de clase también ocurren en la realidad, y que los amigos realmente podían ser tan importantes o más de lo que nos hacían creer en Compañeros. Aprendí que las nuevas generaciones no me gustan, así como a mis padres no les gustaba la mía, o como a mis abuelos no les gustaban la de mis padres, ni la mía, ni la que no me gusta a mí.

Y ahora, mientras escribo todo esto, hay un montón de cajas con unas etiquetas que ponen bien grande ITALIA en el salón, esperando que de algún modo me las apañe para que las lleve conmigo a un futuro que, sin asustarme, me intimida. No me asusta porque ya he pasado por esto antes, aunque temo que Roma no estará a la altura de lo que he vivido en Madrid, pero... si algo me enseñó esta etapa de la que ahora me despido, es que todos estos logros y momentos memorables habrían sido imposibles si no hubiera empezado con un "¿echar el currículum en easyJet? psé, por qué no".

Muchas gracias a todos por haberme acompañado.

再见!